Quienes Somos

El Instituto Humboldt de Investigación Marina y Acuícola (IHMA) es una organización civil sin fines de lucro que ha sido creada con la finalidad de desarrollar investigaciones marinas y acuícolas básicas y aplicadas para promover el desarrollo sostenible de la pesca y acuicultura en el ámbito marino y de aguas continentales del Perú.

El nombre del IHMA honra la memoria del sabio alemán Alexander Von Humboldt, y hace referencia al Gran Ecosistema Marino que lleva su nombre. El símbolo del IHMA es un pingüino de Humboldt (Sphenicus humboldtii), que es una especies icónica del Pacifico sudeste a lo largo de las costas de Perú y Chile.

Visión

Desarrollar un rol protagónico en la generación de investigación científica y técnica para diversificar la producción y alentar el desarrollo sostenible de las actividades económicas que dependen del mar, lagos y ríos del Perú.

Misión

Participar en la investigación relacionada con el objetivo de contar con ecosistemas acuáticos resilientes que sostengan de modo duradero unas actividades productivas diversificadas que generan bienestar como resultado de la implementación práctica de los enfoques de Manejo con Enfoque Ecosistémico.

Valores

Responsabilidad, transparencia, honestidad.

Consejo Directivo

  • Sr. Ricardo Bernales Parodi, Presidente
  • Sr. Humberto Speziani Cueva, Vicepresidente
  • Dra. Josefina Takahashi Sato, integrante
  • Dr. Marco Espino Sánchez, integrante
  • Dr. Luis Icochea Salas, integrante
  • Dr. Francisco Miranda Avalos, integrante
  • Dr. Mariano Gutiérrez Torero, Director Científico

Comité Científico

  • Dr. Francois Gerlotto, IRD, France
  • Dr. Gary Melvin, DFO, Canada
  • Dr. Ray Hilborn, UoW, USA
  • Dr. Rocio Joo, University of Florida, USA
  • Dr. Niels Hintzen, IMARES, The Netherlands
  • Dr. Lauro Madureira, FURG, Brazil
  • Dr. Mariano Gutierrez T., Secretario del Comité

Alexander Von Humboldt

La siguiente nota biográfica del sabio Alexander von Humboldt ha sido tomada de la Enciclopedia Ilustrada del Perú:

Fundador del americanismo científico. Nació el 14 de setiembre de 1769 en Berlín y murió el 6 de mayo de 1859 en la misma ciudad. Inicio su formación bajo la tutela de Joachin Heinrich Campe y Gottlieb Christian Kunth, respectivamente afectos a las letras y las ciencias; después cursó estudios en la Academia Vidriana y la U. de Gôttingen (1789-1793). En breves excursiones, reconoció el Rin. Viajó por Holanda, Inglaterra, Francia, Polonia, y Austria, haciendo estudios geológicos y botánicos. Concluida su vida universitaria, desempeñose como inspector de minas primero, y director de minas después, en Ansbach y Bayreuth. Pero pronto le hastió aquella rutinaria ocupación.

Tras obtener la aprobación de Carlos IV, y en compañía de Aimé Bonpland, emprendió viaje a América (1799) con el propósito de observar la naturaleza y, en particular, la influencia del medio geográfico sobre la vida de las plantas y los animales. Visitó Nueva Granada, pasó a Cuba, volvió al continente para remontar el curso del río Magdalena y penetrar a la región selvática, dirigiose  luego a Bogotá y Quito, a Cuenca y Cajamarca, a Trujillo, Callao y Lima, y efectuó luego la travesía a Guayaquil y Acapulco. Recorrió México (1803-1804). Volvió a Cuba para recoger las colecciones que allí había dejado; siguió a EE:UU.; y retornó a Europa. Establecido en París (1804-1827), consagrose a redactar y publicar los estudios basados en el rico material acopiado en América, y a revelar así en el Viejo Mundo la  realidad del nuevo Continente. Luego, requerido por el rey de Prusia, volvió a su ciudad natal. Y sólo la abandonó en sus últimos años para viajar a otras tierras que aún desconocía (Rusia, Liberia), o para acudir a los centros científicos desde los cuales se le llamaba a exponer sus vastos conocimientos.

El Perú le debe el haber favorecido la parcial traducción de algunos artículos del antiguo Mercurio Peruano en los cuales se daba cuenta del Estado del Perú(Weimar, 1808); la propagación de las virtudes curativas de la quina; y, de manera muy especial, el descubrimiento de las posibles aplicaciones del guano como fertilizante, que en Europa ensayó mediante las muestras llevadas entre sus colecciones y sobre las cuales debió informar a Mariano Eduardo de Rivero; así como el descubrimiento de la corriente de aguas frías que corre a lo largo del litoral peruano, determinando la variedad y la riqueza de su fauna marina, y que en su homenaje se conoce como Corriente de Humboldt. Obra principal: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente (30 vols., 1805-34), publicada en col. C. Aimé Bonpland, y en cuyas diversas partes se vuelcan numerosas observaciones sobre la naturaleza, la historia y la sociología del Perú. P.ej., en vistas de las Cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América (2 vols., 1810), Examen crítico de la historia de la geografía del nuevo continente (1814.34): y descripciones de nuevos géneros y especies en plantas equinocciales (2 vols., 1809-18).

Los manuscritos de Humboldt

El sabio alemán Alexander Von Humboldt efectuó durante cuatro años un recorrido por Latinoamérica, y estuvo en nuestro país durante unos meses el año 1802. Durante su viaje efectuó una cantidad enorme de apuntes que luego le fueron útiles para publicar libros y realizar conferencias y otros viajes. Parte de los manuscritos, sin embargo, permanecieron inéditos después de su muerte. Para aquellos apuntes tomados por Humboldt respecto a la región del Santa hemos querido transcribir sus anotaciones desde una valiosa publicación de Nuñez E. y G. Petersen (Alexander von Humboldt en el Perú; diario de viaje y otros escritos. 2002. Banco Central de Reserva del Perú. Pags. 78-81):

Dormimos el 7 de Octubre en Moche, el 8 pasamos por el bello puerto de la Garita y pernoctamos en Santa Elena, para no pasar por el pueblo de Virú que está en el interior, a cuatro leguas del mar. Se cultiva allí olivos que alcanzan una altura asombrosa. Toda la costa está adornada con pequeñas rocas graníticas de 2 a 10 t. o sea de alto. Se descubre en todas partes que el mar se ha retirado de esta  costa. Hay muchas rocas aisladas que tienen forma de islas. La costa a menudo no tiene mayor altura que 2 a 3 t. o sea por encima del nivel del mar y así continúa, a la misma altura, hasta las 800 toesas en el interior de las tierras. La Isla de Guañape es pintoresca, con rocas graníticas medio destruidas, cortadas a pico. Esta isla, como todas las otras, la de Santa, la de Chimbote, no tiene una brizna de vegetación, rocas desnudas y descarnadas siguen al desierto hasta el río Santa, torrente que a menudo impidió en otro tiempo la marcha de los correos entre Quito y Lima. El viajero se quedaba 8 ó 10 días sin atreverse a pasarlo, ni siguiera con chimbadores; ingenieros españoles han gastado allí 80 000 pesos para construir un puerto que nunca pudieron acabar. Finalmente, en 1800, el señor Couget, profesor  de mineralogía en Lima, ha establecido allí una balsa unida a cables que hacen el péndulo y luego un puente de hamaca, estilo indígena, pero balanceándose poco porque es sostenido por cuerdas en los costados. Dicho señor tiene el privilegio durante 30 años de cobrar dos pesos por año. Es inconcebible que en 300 años de 92V  conquista no se haya podido ejecutar obras tan necesarias parecidas. Entonces hay que pagarlas muy caro.

Pasamos el 10 y el 11 en el miserable pueblo que se llama ciudad de Santa, nombre indio, o en español (pero sólo usado en cuestiones legales), Santa María de la Parrilla. Allí gozamos de la interesante compañía del señor Coguet. Hice allí interesantes observaciones de barómetro, latitud, longitud, inclinación y declinación magnéticas. Es bueno saber (comparado las observaciones astronómicas con la de don Jorge Juan) que la ciudad ha cambiado tres veces de ubicación y que ella estuvo una vez cerca del mar y de la desembocadura del río y otra vez en el interior, cerca del río. Esta provincia de Santa, fertilizada por un bello río y donde se produce casi el mejor vino de todo el Perú, aunque en poca cantidad, debe su falta de población no al a crueldad de los españoles, sino a la de los Incas, que habiendo encontrado una gran resistencia en el reino Chimún-Cauchu se irritaron tanto que masacraron sin piedad a casi todos los habitantes, arruinaron las ciudades, destruyeron los canales, devastaron los campos  (ver los comentarios de Gracilazo, I, p. 122).

Además de la tradición de este acto de barbarie (efecto del fanatismo religioso del Inca) se ven vestigios y testimonios  horribles sobre los bordes del río Santa y hacia el borde del mar. ¡En un espacio de más de 12 ó 14  leguas se ve todos los llanos cubiertos de huesos humanos, de calaveras humanas quebradas, cortadas en la frente por los mazos o estrellas de cobre que usaban los soldados del Inca! ¡En un clima donde no llueve jamás, los huesos humanos han resistido así durante 300 ó 400 años a la descomposición!. Se ha encontrado incluso miembros cubiertos de carne seca, momificados, no por efecto del arte, sino de la sequedad de la arena. Se ha encontrado cabezas de indios cubiertas de cabellos. La sequedad produce pues los mismos  efectos que el frío de Liberia donde Pallas ha descubierto rinocerontes con pelos en una tierra completamente helada. También se ha encontrado en Santa, lo que es bastante curioso, cabezas de muertos con pequeños pedazos de plata  o de cobre entre sus dientes. Se podría creer primero que eran cadáveres de las huacas arruinadas por los torrentes, que pertenecieron a personas de distinción, llevando a otro mundo todo lo que tenían  de precioso y se habían hecho enterrar así.  ¡Pero no! Estas mismas cabezas están mezcladas con las otras sobre los campos de batalla y tienen a menudo huellas de heridas. ¿ sería una especie de burla (efecto del desprecio) poner metal entre los dientes del enemigo, burlándose de individuos de Chimú cuyas riquezas encontradas en Mansiche prueban que no hay sino demasiados casos de metales preciosos?.

Al este de Santa, en un ligar que se llama el Castillo de San Ángel, se ven todavía las ruinas de una ciudad inmensa, poco menos grande que la de Chan-Chan o Mansiche. Los muros (todos de tierra no cocida) tienen todavía dos toesas de alto; cada casa parece haber sido una fortaleza de doble y triple muralla de las cuales una tiene 5 pies de espesor. Es difícil formarse aquí (como en Mansiche) una idea clara de esta arquitectura del rey Chimú. La tierra es tan  compacta que se encuentran fragmentos de murallas de más de 140 pies cuadrados, caídas, sin haberse quebrado, y el señor Coguet observa muy bien que uno debe hacerse la idea de la gran cantidad de gente que empleó Túpac Yupanqui para arruinar edificios tan sólidos.

La ciudad tiene varias grandes plazas, y una d ellas presenta un fenómeno singular: un paseo adornado con columnas. El terreno que forma el suelo de este paseo ha sido elevado en 3 ó 4 pies sobre el nivel de la plaza y de trecho en trecho esta avenida está adornada con columnas redondas de más de 3 ó 4 pies de espesor. ¡Estas columnas, algunas de las cuales todavía tienen 2 ó 3 t. o sea de alto, están formadas de biseles, de ladrillos no cocidos, triangulares, siendo circular el costado opuesto al ángulo agudo! He aquí, pues, pruebas de que estos pueblos tenían alguna idea de la  belleza de las formas. Pero ellos subordinaban  tal belleza a la simetría de las partes, por lo que es necesario admirar no solamente el plano de las ciudades y edificios, sino también las aberturas de los acueductos, en los extremos de los campos… Qué paciencia fue necesaria para formar polígonos de las casa, divididas igualmente en habitaciones oblongas, atravesadas por igual cantidad de puertas y de ventanas.. Eran más sensibles al orden que a la belleza, que nace del contorno de las formas. Esta idea del orden era también el carácter de su gobierno político. De allí derivan estas divisiones en castas y las de las propiedades … y como este amor por el orden no puede existir sin suficiencia, sin encadenar la libertad, vemos que no tienen éxito en las obras de imaginación…Este espíritu de alarde y de orden escrupuloso se ve todavía en los indios de la actualidad, sobre todo cuando ellos ordenan.

Es por eso que ellos gustan de la multiplicidad de cargos y de empleos, gobernadores, alguacil, fiscal.. Toda sencillez en el gobierno es contraria a su naturaleza. No se puede negar que esta característica  acerca estos pueblos singuralmente con los egipcios y los chinos.

En todo el camino de Trujillo a Santa y de allí a Chimbote a Casma, hemos visto monumentos de la gran civilización en el cual vivían los súbditos del rey Chimún-Cauchu. Eran  tan sabios en la conducción de las aguas, tan industriosos en la agricultura como los súbditos de los Incas. Los vestigios de los acueductos de 5 ó 6 leguas de largo, colocados sobre masas de murallas de 5 ó 6 pies de alto, fortificados por un dique de tierra que reúne las aguas de las cordillera y las lleva hasta el borde del mar, son tan comunes sobre toda esta costa (hoy día desértica) del Perú, que yo no los cito más para no caer en repeticiones. Hoy  día se recorren 10, a menudo 16 a 20 leguas sin encontrar una sola casa o un alma que habite estas tierras; los acueductos de los antiguos peruanos atestiguan que en los siglos 15 y 16, por lo menos antes de la masacre realizada por los Incas en el valle del Santa, se encontraban pueblos de indios cada dos leguas por lo menos. ¡Y, sin embargo, hay personas aquí que niegan que el antiguo Perú pudo tener 7 u 8 millones de habitantes! La costa arenosa no tiene hoy día 4 ó 5 personas por legua cuadrada y los vestigios de la agricultura antigua revelan que antes hubo 7 u 8 veces más gente.

A 1 1/2 leguas al sur de Santa se encuentra el famoso puerto de Chimbote que Malaspina suele calificar como Puerto del Ferrol. Es el puerto más bello que existe desde el cabo de Hornos a Guayaquil, un puerto parecido al de Tolón y que puede recibir todas las escuadras del universo. Tiene 3 leguas de largo por ½ de ancho. Es una ensenada cerrada por leguas de tierra que avanzan hacia el mar e islotes rocosos que por su dirección prueban que antiguamente formaban parte de esas lenguas. El puerto tiene dos grandes entradas de 18 brazas. El fondo es de 7 u 8 brazas. Lo que asegura todavía más puerto, sobre todo si se quiere fortificarlo, es que el intersticio que queda entre la mayor parte de las islas es de bajos fondos por los cuales ninguna embarcación puede pasar. A Sudeste las islas se unen por medio de banco de arena que la bajamar descubre. Este puerto, lamentablemente carente de agua y habitado hoy en día por algunos pescadores, atrajo la atención de Chimún por lo agradable del sitio y la abundancia de la pesca en el golfo. Se había construido un acueducto desde la cordillera a más de 5 leguas, acueducto que sigue todas las faldas  de las montañas, desmontadas para este caso. Se le obra hasta el borde del mar, se ve todavía las aberturas por las cuales el agua salía y el terreno  (observación del señor Coguet) estaba preparado para recibir el agua fertilizante.

Cuando los torrentes que descienden de la cordillera lo cruzan, llevan en lugar de agua una pasta fluida, un barro arcilloso y fértil. Para recoger este lodo (fertilizante como el limo del Nilo) y fijarlo sobre el terreno, los peruanos amontonaban las piedras dispersas sobre el suelo, a veces en cuadrados, a veces en semicírculo..El choque de las aguas salen de las esclusas estaba dirigido contra estas masas de piedra.

Se reconoce, aún hoy en día, que el agua filtrada a través de las piedras y el limo se depositaba sobre la arena granítica. Al sur del miserable pueblo de Huambacho (donde los indios celebran la fiesta de San Francisco y nos divirtieron toda la noche al son de las campanas y de los tambores), se observa también un inmenso acueducto (amurallado) y las piedras dispuesta para recibir el limo. Los Incas hicieron lo que hacen todos los conquistadores: ellos arruinan para gobernar sobre provincias despobladas. Ellos no solamente mataron y se llevaron a los habitantes del Chimún, sino también ( indudablemente para vejarlos por la sed y el hambre, pues sin agua las plantas perecían) destruyeron los acueductos. En la pendiente occidental de la cordillera de los Andes se ve nuevos acueductos, comenzados a gran altitud. La tradición señala que el Inca, después de haber conquistado el país, pensó repoblarlo y envió ingenieros para establecer nuevos acueductos mucho mejores que los antiguos. La conquista de los españoles frustró este proyecto.